Si hablamos de forma negativa, fea y pesimista, ese sentimiento se nos puede acabar albergando en el corazón.
En cambio, si nos esforzamos en expresarnos de forma positiva, la forma en la que veamos la vida puede cambiar a mejor.
El lenguaje es muy importante en nuestras vidas, por ello es necesario que reflexionemos sobre el cómo lo estamos empleando. Lo podemos evidenciar principalmente en dos campos de acción: un lenguaje para con el mundo exterior y otro para con nosotros mismos.
El lenguaje para con el mundo exterior se enfoca en la forma en la cual comunicamos lo que sentimos y pensamos a los demás: nuestras expresiones y comportamientos develan lo que en realidad somos.
El lenguaje para con nosotros mismos, se refiere a las maneras bajo las cuales manejamos nuestra comunicación interna, es decir, el cómo nos tratamos a nosotros mismos.
El uso del lenguaje en estos ámbitos determina la forma en la cual desarrollamos nuestros proyectos de vida y nos enfocamos en ella. Cuando falla uno de estos lenguajes, nos enfrentamos a una serie de problemas comunicativos que pueden afectar nuestra autoestima y nuestra autodeterminación, es por ello que debemos ser conscientes de los sentimientos y emociones que experimentamos a diario: ¿qué representan estas para nuestro bienestar?
Según como nos expresemos, así seremos.
El lenguaje puede ser las alas que le hacen falta a nuestros sueños, o pueden ser las anclas que nos condenen a una vida llena de limitaciones. Actuar y pensar de forma positiva nos impulsa en la lucha por nuestros objetivos a la par que nos hace sentirnos bien con nosotros mismos.
Lo que decimos, nos condiciona.
El poder del lenguaje es inmenso puesto que a partir de él reafirmamos nuestra personalidad, todo ello a través de la repetición; cuando repetimos algo, lo memorizamos hasta el punto de emplearlo de forma automática.
El lenguaje para con el mundo exterior se enfoca en la forma en la cual comunicamos lo que sentimos y pensamos a los demás: nuestras expresiones y comportamientos develan lo que en realidad somos.
El lenguaje para con nosotros mismos, se refiere a las maneras bajo las cuales manejamos nuestra comunicación interna, es decir, el cómo nos tratamos a nosotros mismos.
El uso del lenguaje en estos ámbitos determina la forma en la cual desarrollamos nuestros proyectos de vida y nos enfocamos en ella. Cuando falla uno de estos lenguajes, nos enfrentamos a una serie de problemas comunicativos que pueden afectar nuestra autoestima y nuestra autodeterminación, es por ello que debemos ser conscientes de los sentimientos y emociones que experimentamos a diario: ¿qué representan estas para nuestro bienestar?
Según como nos expresemos, así seremos.
El lenguaje puede ser las alas que le hacen falta a nuestros sueños, o pueden ser las anclas que nos condenen a una vida llena de limitaciones. Actuar y pensar de forma positiva nos impulsa en la lucha por nuestros objetivos a la par que nos hace sentirnos bien con nosotros mismos.
Lo que decimos, nos condiciona.
El poder del lenguaje es inmenso puesto que a partir de él reafirmamos nuestra personalidad, todo ello a través de la repetición; cuando repetimos algo, lo memorizamos hasta el punto de emplearlo de forma automática.
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